El rito de la imposición de la ceniza sobre la cabeza o frente del creyente se expresa en la liturgia en dos fórmulas: “apártate del pecado y sé fiel al Evangelio” y “recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás”.
VITRALIA | Irondale | febrero 18, 2026. – Con el “Miércoles de Ceniza”, este 18 de febrero inicia para el catolicismo la celebración de la Cuaresma, periodo de reflexión y penitencia que concluirá el próximo 2 de abril, sin contar los domingos.
Se trata de un tiempo litúrgico de preparación para participar de la Pascua, si bien la liturgia cuaresmal dispone para los catecúmenos, como para los fieles, celebrar el misterio pascual.
Prepara a los primeros, mediante las diversas etapas de la iniciación cristiana, y a los creyentes en general, a través del recuerdo de su propio bautismo y las prácticas penitenciales.
Efectivamente, este año la Cuaresma comienza el 18 de febrero, con el “Miércoles de Ceniza”, es decir, 46 días antes del “Domingo de Resurrección”, y termina el 2 de abril, “Jueves Santo”, con el inicio de la Misa de la Cena del Señor. El Domingo de Pascua es el 5 de abril.
“Si bien el desarrollo de los días de Cuaresma fue diverso en la Iglesia, es posible que se debiera a que Cristo permaneció en la muerte durante 40 horas, o a sus 40 días de oración y ayuno en el desierto”.
“Es una cifra que en sí misma recuerda los 40 años que Israel pasó en el desierto por no creer en Dios”, explica en su portal de internet la EWTN (Eternal Word Television Network, en español: Red de Televisión Palabra Eterna), con sede en Irondale, Alabama (EE. UU.).
“Siendo la Cuaresma —agrega el texto— un tiempo de penitencia, es habitual ofrecer un sacrificio, tanto para pedir la gracia de la conversión personal, como para fortalecer la voluntad personal y poder cooperar con ella. Ambas van de la mano, pues sin Dios nada podemos hacer (Juan 15:5)”.
Tradicionalmente, el catolicismo da por sentado que el mejor sacrificio que el creyente puede hacer durante este ciclo es dejar de pecar, en tanto, las liturgias de los primeros días de Cuaresma destacan “la vanidad de la oración y la penitencia sin una conversión moral”.
Para el católico, el examen de conciencia diario, la confesión, la misa y la comunión constituyen maneras especialmente buenas de prepararse para la Pascua.
En este lapso “también es bueno leer la Sagrada Escritura, rezar la Coronilla de la Divina Misericordia y el Santo Rosario, a diario si es posible, meditando sobre los textos o las oraciones”, recomienda la EWTN.

Aunque en la Biblia no se menciona la Cuaresma, los 40 días de preparación de Jesús en el desierto de Judea para su ministerio público constituyen para la Iglesia Católica una base sobre la cual descansan las prácticas respectivas.
“Nuestro Señor ayunó y oró durante esas semanas, además de enfrentar y vencer las tentaciones del maligno, así que durante la Cuaresma estamos llamados a imitar su determinación”, argumenta la Eternal Word Television Network.
En el Sermón del Monte, Jesús plantea tres maneras de orientar la devoción hacia Dios a lo largo del periodo que inicia. Estos principios son especialmente útiles.
Tradicionalmente llamados “los tres pilares de la Cuaresma”, dichas prácticas se refieren a la limosna (cf. Mateo 6:1-4), la oración (cf. Mateo 6:5-15) y el ayuno (cf. Mateo 6:16-18).
Durante la Cuaresma, los fieles no pueden comer carne los viernes (excepto en las solemnidades).
Al día anterior al “Miércoles de Ceniza” suele llamársele “Martes de Carnaval” porque era cuando la gente iba a confesarse, lo que significa ser absuelto de sus pecados. Con más frecuencia, a este día se le denomina “Mardi Gras” (o «Martes Gordo», en español).
Hablando precisamente del “Miércoles de Ceniza”, el Papa Benedicto XVI, enseña: “La liturgia del Miércoles de Ceniza señala la dimensión fundamental de la Cuaresma en la conversión del corazón a Dios. Este es el mensaje evocador que contiene el tradicional Rito de la Ceniza…”
“Consiste en un rito —dijo— con un doble significado: el primero está relacionado con el cambio interior, es decir, con la conversión y la penitencia, mientras que el segundo recuerda la precaria condición humana”.
Al no ser un sacramento, la imposición de ceniza está abierta a cualquier persona, independientemente de su credo.
El rito de la imposición de la ceniza sobre la cabeza o frente del creyente se expresa en la liturgia en dos fórmulas: “apártate del pecado y sé fiel al Evangelio” y “recuerda, hombre, que eres polvo y al polvo volverás”.
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