Tras apelar a la presidenta Claudia Sheinbaum, un rayo de esperanza renovada aparece entre los deudos de la joven, quien habría perecido víctima de un feminicidio.
VITRALIA | Saltillo | febrero 19, 2026. – A más de 17 años de haber sido asesinada la chef saltillense Elisa Loyo Gutiérrez, se renueva para sus deudos la esperanza de que este delito, que escaló esferas internacionales, deje de permanecer impune.
El magistrado Carlos Guillermo Fernández Gallardo, presidente del Tribunal Colegiado del Octavo Circuito, donde reside el caso, por fin habló de posibilidades reales de que se empiece a hacer justicia de manera efectiva.
Así lo hizo saber a VITRALIA la madre de la víctima, Rosa de Guadalupe “Tita” Gutiérrez, tras haber visitado dicha instancia, con sede en Saltillo, acompañada por un nutrido grupo de activistas, entre ellos, el obispo emérito Raúl Vera López.
Machely Flores, Jackie Campbell, Gustavo García, Roberto Chávez Cantú, Fátima de Valle, Bety Saucedo, Susana Cepeda Islas, Ludivina Torres, Ariel Gutiérrez Cabello, Laura Isabel y Jesús Santos González, fueron algunas de las personas que hace días le apoyaron presencialmente en sus gestiones.
Al término de la visita, informó que el titular del referido órgano de control constitucional le hizo saber, por primera vez, que el tribunal pronto emitiría una resolución, misma que se prevé favorable.
Durante años, el magistrado había mantenido en stand by la revisión de un amparo interpuesto por la afectada, con cuyo fallo a favor obligaría al Poder Judicial a iniciar las investigaciones pertinentes, explicó Gutiérrez Cabello.
El caso se encuentra vigente, ya que este tipo de delitos no prescribe, y gracias a que se ganó un juicio de amparo (1480/2022), mismo que está en proceso de revisión desde julio de 2024.
La entrevistada estimó que el cambio de actitud del magistrado Fernández Gallardo podría responder al hecho de que ha pedido públicamente la intervención directa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, considerando su interés en proteger los derechos de la mujer e incluso que los feminicidios no queden impunes.

Si bien las autoridades filipinas dictaminaron en su momento que el fallecimiento de Elisa, el 23 de diciembre de 2008, fue producto de un suicidio, “Tita” Gutiérrez estimó que las evidencias apuntan claramente a que se trató de un feminicidio.
Como ya es del dominio público, a la joven de 25 años de edad se le habría arrebatado la vida cuando se desempeñaba como subchef en el Hotel Fontana Leisure Park & Casino, en la ciudad de Pampanga, en la República de Filipinas.
A todas luces, dicha empresa buscó por todos los medios proteger su imagen, de manea que no le convenía que se dijera que fue escenario de un homicidio. Dicho hotel debió dejar de operar desde ese momento, externó.
La tragedia se verificó tres meses después de que la joven terminara su carrera de gastronomía y hotelería en el Institute Confederation College, de Ontario, Canadá, donde residía su familia.
Con 69 años de edad, la especialista en derecho penal y en axiología del derecho expresó su total convencimiento de que el asunto sigue en el limbo, debido a que fue politizado por los entonces gobiernos corruptos de tres países.
“El caso ha sido corrompido por las autoridades filipinas, desdeñado por el gobierno canadiense y soterrado por la justicia mexicana”, aseveró.
La ex catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Coahuila y ex agente investigadora de homicidios en la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) de Coahuila, no piensa dar “ni un paso atrás”.
Específicamente, denuncia “subregistro, corrupción y omisiones” de las autoridades involucradas, por lo que mantiene viva su exigencia de justicia.

“Tita” Gutiérrez expresó que, más que un compromiso u obligación moral, su demanda de justicia se convirtió en una misión en su vida, lo cual le llevo a escribir un libro, Tres Océanos, donde narra los acontecimientos en torno al triste suceso.
Desde el homicidio de su hija, que se habría producido como consecuencia de denunciar irregularidades laborales en su centro de trabajo, “pareciera que se pararon los relojes…”.
“El tiempo no existe cuando hay un dolor tan fuerte”, sobre todo por las circunstancias en que se produjo el asesinato, expresó.
En tanto, se considera víctima indirecta de esta “atrocidad e injusticia tan terrible”, cometida “por cuestiones de corrupción y de maldad exacerbada”.
Está convencida de que el asesinato de su hija configura el delito de feminicidio, dado su componente de odio y violencia de género.
“Siempre inquieta, jovial y cariñosa”, la joven había terminado prácticamente los preparativos para volver a su hogar ese fin de año. Lo tenía todo listo. Solo debía esperar el momento indicado para partir de regreso.
Eso ya no fue posible. Ahora, la abogada no pide mucho, simplemente “que se aplique el derecho… que se haga justicia, al menos que se apliquen correctamente las leyes”.
“Eso es lo que espero, por ella, por su memoria, pero también por tantas mujeres que en México y el mundo son víctimas de este terrible delito”, reclama finalmente.
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