Una de ellas absorbe oscuridad, que luego convierte en empatía; la otra, bebe de esa misma agua turbia, pero la transforma en resentimiento.

VITRALIA | Por Magdalena Martínez Martínez

Una popular parábola nos propone lo siguiente:

Pon a una vaca y a una serpiente a beber exactamente del mismo charco de agua.

Una de ellas procesará ese líquido y producirá leche para alimentar. La otra utilizará esa misma agua para sintetizar un veneno letal.

El agua es idéntica. El charco es el mismo. La única diferencia es la maquinaria interna de quien la traga.

Con el sentimiento humano, opera exactamente la misma ley.

Dos personas pueden atravesar idéntica tragedia, enfrentarse al mismo rechazo o sobrevivir a la misma traición.

Una de ellas absorbe esa oscuridad y la convierte en empatía. Usa su propia herida como un mapa para asegurarse de no lastimar jamás a nadie de esa manera. Produce carácter. Produce luz.

La otra, bebe de esa misma agua turbia y la transforma en resentimiento. Usa su dolor como un escudo de hierro y como una excusa perfecta para herir a todo el que intente acercarse. Produce veneno.

Nos han vendido la idea de que somos el resultado exclusivo de nuestro entorno. Y es cierto que el entorno influye, te empuja y te presiona.

Pero al final del día, la vida solo te sirve el agua. Eres tú quien decide qué fábrica enciende por dentro.

Misma historia. Distinta esencia.

La pregunta más difícil que debes enfrentar frente al espejo no es qué te pasó ni quién te lastimó en el pasado.

La verdadera pregunta es: ¿Qué estás produciendo hoy con el agua que tú consumes?

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La saltillense Magdalena Martínez Martínez es coach profesional certificada, asimismo, directora de Ser, Hacer y Tener Radio, representante en Coahuila del programa Propósito de Vida y delegada de Empoderamiento Femenino en México, entre otros encargos y actividades orientadas al fomento del desarrollo humano.

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