{"id":1988,"date":"2026-04-07T05:00:22","date_gmt":"2026-04-07T11:00:22","guid":{"rendered":"https:\/\/vitralia.mx\/?p=1988"},"modified":"2026-04-06T16:58:39","modified_gmt":"2026-04-06T22:58:39","slug":"los-30-dias-que-despertaron-a-coahuila-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/2026\/04\/07\/los-30-dias-que-despertaron-a-coahuila-iv\/","title":{"rendered":"Los 30 d\u00edas que despertaron a Coahuila (IV)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong><em>18 de abril de 1984 \u2014 Cuarto d\u00eda de marcha, Mi\u00e9rcoles Santo. \u201cLa carretera era asfalto y algo m\u00e1s. Era escuela\u201d &#8230; La ciudad&#8230; viv\u00eda para s\u00ed misma. Fr\u00eda. Ego\u00edsta. Ajena a los 300 quijotes que, a unos kil\u00f3metros, se jugaban el pellejo.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>VITRALIA | Por Jaime Cleofas Mart\u00ednez Veloz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuarto d\u00eda y vamos de gane, dec\u00edamos. Pero la victoria a\u00fan no llegaba. La carretera era asfalto y algo m\u00e1s: era vida y muerte, era futuro que se alargaba, era utop\u00eda que se resist\u00eda a morir. La madrugada ten\u00eda una dimensi\u00f3n distinta en el llano. La vida urbana la encarcelaba; el campo la liberaba. Aire fresco, canto de gallos, caf\u00e9 negro para despabilarse, y el balance de las jornadas anteriores. Sabr\u00eda Dios cu\u00e1ntos aguantar\u00edan los 30 kil\u00f3metros diarios durante 30 d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hab\u00eda optimismo, pero tampoco se val\u00eda claudicar. Los mineros de Nueva Rosita hab\u00edan aguantado. Nosotros, \u00bfpor qu\u00e9 no? Y en ese amanecer fr\u00edo, mientras el caf\u00e9 raspaba la garganta, la memoria se abr\u00eda paso como si tambi\u00e9n marchara con nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Record\u00e1bamos \u2014porque recordar tambi\u00e9n es resistir\u2014 las batallas que nos hab\u00edan formado. La Lucha Estudiantil por la Autonom\u00eda Universitaria de 1973, por ejemplo: aquella sacudida que convirti\u00f3 a toda una generaci\u00f3n en militantes improvisados. Yo, estudiante de Arquitectura, repart\u00eda volantes por todo Saltillo, explicando por qu\u00e9 la universidad deb\u00eda ser de los estudiantes y no del gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aprendimos a organizarnos, a hablar con desconocidos, a correr cuando era necesario, a no bajar la mirada ante los guachos. Ah\u00ed empez\u00f3 todo: la conciencia, la rebeld\u00eda, la certeza de que la dignidad no se mendiga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Eulalio Guti\u00e9rrez Trevi\u00f1o, el Gobernador aliado de la Autonom\u00eda Universitaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en medio de esa efervescencia apareci\u00f3 una figura inesperada: el gobernador Eulalio Guti\u00e9rrez Trevi\u00f1o. No como adversario. No como censor. No como muro. Sino como puente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En tiempos donde la autoridad sol\u00eda responder con toletes, silencios o maniobras, Eulalio hizo algo que pocos gobernantes se atreven a hacer: escuch\u00f3. Escuch\u00f3 a los j\u00f3venes, sus reclamos, sus aspiraciones, su terquedad luminosa. Y el 3 de abril de 1973, cuando el Comit\u00e9 de Lucha esperaba una respuesta fr\u00eda o burocr\u00e1tica, lleg\u00f3 un documento que sorprendi\u00f3 a todos: una carta clara, directa, donde el gobernador se compromet\u00eda a enviar al Congreso del Estado una iniciativa de ley para garantizar la Autonom\u00eda Universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era un gesto menor. Era un acto pol\u00edtico de altura. Un reconocimiento expl\u00edcito de que la universidad deb\u00eda gobernarse a s\u00ed misma, sin injerencias, sin tutelas, sin manos invisibles moviendo los hilos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eulalio entendi\u00f3 algo que muchos no entendieron antes ni despu\u00e9s: que la autonom\u00eda no es concesi\u00f3n, sino derecho; que la universidad no es un ap\u00e9ndice del poder, sino su conciencia cr\u00edtica; que escuchar a los estudiantes no debilita al Estado: lo fortalece.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su respuesta no fue tibia ni evasiva. Fue precisa: reformar la Constituci\u00f3n local, eliminar la Junta de Gobierno, elevar a rango constitucional el autogobierno universitario. Era, en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos, ceder poder. Y pocos en el poder est\u00e1n dispuestos a hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso su gesto qued\u00f3 grabado en la memoria de quienes marcharon, lucharon y so\u00f1aron con una universidad libre. Porque en un momento donde la represi\u00f3n era la salida f\u00e1cil, \u00e9l eligi\u00f3 la v\u00eda dif\u00edcil: la del di\u00e1logo, la de la sensibilidad pol\u00edtica, la del respeto a la inteligencia colectiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando en la marcha record\u00e1bamos 1973, no record\u00e1bamos s\u00f3lo la toma de escuelas, los volantes, las asambleas interminables. Record\u00e1bamos tambi\u00e9n ese documento firmado con tinta oficial, donde un gobernador decidi\u00f3 ponerse del lado correcto de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El movimiento en Cinsa\u2013Cifunsa y el papel de Salvador Alc\u00e1zar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las huelgas en Cinsa\u2013Cifunsa de 1974 no fueron simples paros laborales: fueron un terremoto moral en el coraz\u00f3n industrial de Coahuila. Ah\u00ed, en esas plantas donde el acero se fund\u00eda a temperaturas imposibles, tambi\u00e9n se templaba la dignidad obrera. Los trabajadores se enfrentaron a una estructura empresarial que no toleraba la disidencia y a un aparato gubernamental que prefer\u00eda la obediencia al di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fueron d\u00edas y noches enteras afuera de las plantas, con guardias que parec\u00edan eternas, con amenazas veladas y abiertas, con despidos que buscaban quebrar el \u00e1nimo colectivo, con listas negras que pretend\u00edan borrar vidas enteras de un plumazo. Pero tambi\u00e9n fueron d\u00edas de solidaridad profunda: ollas comunes que alimentaban m\u00e1s que el est\u00f3mago, brigadas estudiantiles que llegaban con volantes y caf\u00e9, colonias enteras que se organizaban para apoyar a los obreros como si fueran familia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el centro de esa lucha estaba Salvador Alc\u00e1zar, un dirigente sindical que no se escond\u00eda detr\u00e1s de discursos ni de oficinas. Alc\u00e1zar caminaba entre los trabajadores, hablaba con ellos, escuchaba, organizaba, sosten\u00eda. Ten\u00eda esa mezcla rara de firmeza y serenidad que distingue a los l\u00edderes aut\u00e9nticos. No era un agitador: era un constructor. No buscaba protagonismo: buscaba justicia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su liderazgo fue decisivo. Cuando la empresa endureci\u00f3 su postura, Alc\u00e1zar mantuvo la calma estrat\u00e9gica. Cuando el gobierno intent\u00f3 dividir, \u00e9l uni\u00f3. Cuando el miedo rondaba, \u00e9l recordaba que la dignidad no se negocia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bajo su conducci\u00f3n, el movimiento no s\u00f3lo resisti\u00f3: creci\u00f3. Creci\u00f3 en conciencia, en organizaci\u00f3n, en claridad pol\u00edtica. Creci\u00f3 en la convicci\u00f3n de que la clase obrera no s\u00f3lo produce acero: produce conciencia, produce historia, produce pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las huelgas en Cinsa-Cifunsa tambi\u00e9n estaban ah\u00ed, como cicatrices colectivas. Fueron luchas duras, de obreros que se enfrentaron a una estructura empresarial y gubernamental que no toleraba la disidencia. Jornadas enteras afuera de las plantas, guardias nocturnas, amenazas, despidos, listas negras. Pero tambi\u00e9n solidaridad, ollas comunes, brigadas estudiantiles, colonias enteras apoyando a los trabajadores. Ah\u00ed aprendimos que la clase obrera no s\u00f3lo produce acero: produce conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, cuando en la marcha record\u00e1bamos Cinsa\u2013Cifunsa, no record\u00e1bamos s\u00f3lo las fogatas, los turnos de guardia o los portones cerrados. Record\u00e1bamos a Salvador Alc\u00e1zar, de pie, firme, con esa mirada que dec\u00eda sin decirlo: \u201cAqu\u00ed no se rinde nadie.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Eleazar Valdez y la Tendencia democr\u00e1tica del SUTERM<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y c\u00f3mo olvidar a Eleazar Valdez, rostro moral de la Tendencia Democr\u00e1tica del SUTERM. Eleazar no era s\u00f3lo un dirigente: era una br\u00fajula. Caminaba como si cargara un pa\u00eds entero en la espalda. No hablaba fuerte, pero hablaba hondo. No presum\u00eda valent\u00eda, pero la ejerc\u00eda. No ped\u00eda permiso, pero tampoco ped\u00eda perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la Tendencia Democr\u00e1tica decidi\u00f3 enfrentarse al charrismo el\u00e9ctrico en 1975 \u2014esa maquinaria aceitada con miedo y complicidades\u2014, Eleazar fue de los primeros en ponerse al frente. Y pag\u00f3 el precio: despido, persecuci\u00f3n, hostigamiento, listas negras. Pero no se dobl\u00f3. Ni un mil\u00edmetro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para muchos de nosotros, Eleazar fue escuela: escuela de dignidad, escuela de consecuencia, escuela de no venderse, no rendirse, no claudicar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso, en ese cuarto d\u00eda de la marcha, cuando el cansancio mord\u00eda los talones y la carretera parec\u00eda interminable, su nombre no era recuerdo: era combustible. Era advertencia. Era compromiso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Las otras batallas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego ven\u00edan los trompos con los guachos en la juventud, esos juegos que no eran juegos: eran los primeros choques con la autoridad armada, los primeros ensayos de desobediencia. Ah\u00ed uno aprend\u00eda a medir el miedo, a correr r\u00e1pido, a esconderse mejor, a no dejarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n estaba el brazo de p\u00edtcher, ese que serv\u00eda para regresarle a los judiciales sus propias bombas lacrim\u00f3genas. No era met\u00e1fora: era literal. En m\u00e1s de una manifestaci\u00f3n, cuando la polic\u00eda aventaba gas, hab\u00eda que tener punter\u00eda para regresarlo antes de que explotara. Era defensa propia, era dignidad, era la pedagog\u00eda del asfalto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En b\u00fasqueda de un Dialogo que no llegaba<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la ma\u00f1ana, de acuerdo con Cat\u00f3n, nos regresamos a Saltillo: Virgilio, Charles y yo. Dar\u00edamos una conferencia de prensa, coordinar\u00edamos la solidaridad de los grupos de apoyo, y buscar\u00edamos hablar con el gobernador para que concertara una cita con nuestros obstinados adversarios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el camino de regreso, desde San Rafael a Saltillo, me ven\u00edan a la mente las caras, la desesperaci\u00f3n, la sed, las llagas de mujeres y hombres dispuestos a jugarse la vida. Pensaba \u2014torpemente\u2014 que Saltillo estar\u00eda encendido de indignaci\u00f3n. Vaya sorpresa: la ciudad segu\u00eda su vida tranquila. M\u00e1s que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El indio de la rotonda apuntaba al mismo lugar. Los sem\u00e1foros segu\u00edan desincronizados. Los carros de paletas sonaban igual. La plaza Acu\u00f1a bostezaba. La radio marcaba la hora del \u00c1ngelus.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ciudad viv\u00eda. Pero viv\u00eda para s\u00ed misma. Fr\u00eda. Ego\u00edsta. Ajena a los 300 quijotes que, a unos kil\u00f3metros, se jugaban el pellejo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablamos con los periodistas que pudimos. El gobernador no hab\u00eda ido a trabajar. A los D\u00edas Santos les hab\u00eda agregado el mi\u00e9rcoles. Me compr\u00e9 un yogurt y dos hamburguesas de soya. Era lo m\u00e1s cercano a un consuelo. Nos reintegramos a la marcha. Y ah\u00ed empez\u00f3 el verdadero d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alcanzamos a la columna en un entronque polvoso. Bastaron cuatro horas lejos para que aquello se convirtiera en un desmadre: aclaraciones, discusiones, amagos, reclamos. La marcha era una criatura viva: si la dejabas sola, se desordenaba; si la apretabas demasiado, se romp\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y como si el caos necesitara confirmaci\u00f3n, llegaron los automovilistas. Desde el kil\u00f3metro siete, los traileros y conductores desesperados quer\u00edan rebasar la columna como si fu\u00e9ramos estorbo, no movimiento. Virgilio y Charles se distinguieron defendiendo a la marcha. El Zeta, con su estilo suave, intentaba convencerlos:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Por eso, papacito\u2026 ahorita pasas, mi rey. Esp\u00e9rate, \u00bfpara qu\u00e9 te enojas, pap\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero cuando la diplomacia fracasaba, entraba Pinales con su m\u00e9todo vern\u00e1culo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1M\u00e9tete al carril, hijo de la chingada! \u00a1Por eso, cabr\u00f3n, a d\u00f3nde vas! \u00a1Que te esperes, hijo de tu\u2026! Y s\u00ed: la seguridad mejor\u00f3. La dignidad tambi\u00e9n se grita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Tolvanera y lluvia en medio de la carretera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tarde nos agarr\u00f3 desprevenidos: primero una tolvanera. Pero decir \u201ctolvanera\u201d es decir casi nada. Aquello fue una bestia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viento empez\u00f3 como un murmullo, un silbido que se colaba entre los dientes. Luego se levant\u00f3 con furia, como si alguien hubiera destapado de golpe un costal de tierra acumulada por siglos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cuesti\u00f3n de minutos, el horizonte desapareci\u00f3. No hab\u00eda cielo, no hab\u00eda carretera, no hab\u00eda marcha. S\u00f3lo un torbellino caf\u00e9 que nos envolv\u00eda como un castigo antiguo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El polvo entraba por todos lados: boca, nariz, orejas, ojos, nalgas, alma. Uno respiraba tierra. Uno tragaba tierra. Uno era tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los pa\u00f1uelos no serv\u00edan. Las camisetas tampoco. Los lentes se llenaban de lodo seco. Los ojos ard\u00edan como si los hubieran tallado con lija. La columna se desorden\u00f3: unos se agachaban, otros se cubr\u00edan la cara, otros avanzaban a tientas, como ciegos reci\u00e9n estrenados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed estuvimos casi tres horas. Tres horas que parecieron tres d\u00edas. El viento empujaba hacia atr\u00e1s, como si quisiera regresarnos a Saltillo a la fuerza. Cada paso era una pelea. Cada metro, una victoria m\u00ednima. Los m\u00e1s flacos se tambaleaban. Los m\u00e1s cansados se deten\u00edan. Los m\u00e1s tercos segu\u00edan, aunque fuera arrastrando los pies.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y cuando parec\u00eda que ya no pod\u00eda ponerse peor, se puso peor. La lluvia cay\u00f3 de golpe, sin aviso, como si el cielo hubiera decidido rematar lo que la tierra hab\u00eda empezado. No era lluvia fina: eran agujas. Golpeaban la piel, el asfalto, las mochilas, los tambos de agua, los carros de apoyo. En segundos, el polvo se volvi\u00f3 lodo. Y el lodo, zoquete. Y el zoquete, trampa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qu\u00e9 de pinche zoquete levantamos. Los tenis se hund\u00edan. Las botas se resbalaban. Cada paso era un sonido viscoso, como si la tierra quisiera tragarse nuestros pies. Algunos cayeron. Otros se atoraron. Otros avanzaban con las piernas abiertas, como si caminaran sobre jab\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La carretera se volvi\u00f3 un campo de batalla sin enemigo visible. El enemigo era el clima. El enemigo era el cansancio. El enemigo era la duda. Pero nadie se rindi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los de avanzada regresaron empapados, irreconocibles, con la ropa pegada al cuerpo como piel prestada. Los de atr\u00e1s gritaban para no perderse. Los carros de apoyo avanzaban a vuelta de rueda, patinando, escupiendo lodo. Los banderines se doblaban como si quisieran arrancarse del palo. Y, aun as\u00ed, la marcha sigui\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tres horas de polvo, lluvia y zoquete. Tres horas donde el cuerpo dej\u00f3 de ser cuerpo y se volvi\u00f3 pura voluntad. Tres horas donde entendimos que la carretera no s\u00f3lo ense\u00f1a: tambi\u00e9n prueba, castiga, desnuda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando por fin la tormenta cedi\u00f3, no \u00e9ramos los mismos. Est\u00e1bamos cubiertos de tierra, empapados, cansados, pero enteros. M\u00e1s enteros que antes. Porque hay tormentas que no vienen a destruirte. Vienen a preguntarte si de verdad quieres llegar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y como si el d\u00eda necesitara un \u00faltimo giro, aparecieron los porros disfrazados. O eso cre\u00edmos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los de avanzada regresaron alarmados: una combi blanca, dos kil\u00f3metros adentro de la sierra. Sospechosa. Demasiado sospechosa. Definimos estrategia como si fu\u00e9ramos guerrilla improvisada: Juan de Dios, la Flaca y el Torre\u00f3n por el camino vecinal; Virgilio y yo por la carretera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los interceptamos. No eran porros: eran tres empleados de la universidad enviados a \u201crecabar informaci\u00f3n\u201d. Les quitamos la combi, les explicamos la lucha, y los mandamos de regreso en cami\u00f3n. El Torre\u00f3n quiso mancharse, pero lo detuvimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La combi fue dada de alta como ambulancia rudimentaria. La revoluci\u00f3n tambi\u00e9n improvisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acampamos en San Roberto. El comisario ejidal nos prest\u00f3 la escuelita. Ante el temor de agresi\u00f3n, redoblamos vigilancia. En la noche lleg\u00f3 un cami\u00f3n con estudiantes de Torre\u00f3n. La marcha crec\u00eda. La marcha respiraba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los de Qu\u00edmicas se apartaban. No se integraban plenamente. Hac\u00edan lo que pod\u00edan y lo que su formaci\u00f3n ideol\u00f3gica les permit\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de cenar, el Chundo contaba la morralla del boteo mentando madres. Juli\u00e1n y el Kaliman, al frente; Paquito y el San Pedro atr\u00e1s: los mejores. Sesenta mil pesos diarios en promedio. Nuestra principal fuente de abastecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los de enfermer\u00eda me desenredaron los nervios del empeine. El cuerpo ya no era cuerpo: era herramienta. Y herramienta cansada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A estas alturas, los calambres eran parte del paisaje. Pero tambi\u00e9n los milagros. Marco, compa\u00f1ero de Arquitectura, aseguraba que todas sus enfermedades hab\u00edan desaparecido como por encanto. El aire puro y el ejercicio \u2014hasta entonces nunca cotidiano\u2014 le hab\u00edan devuelto la salud. Muchos marchistas superaron problemas respiratorios, cardiovasculares y el color telegrama que tra\u00edan en la piel. La marcha tambi\u00e9n era medicina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y estaban los \u201cturistas\u201d: compa\u00f1eros que llegaban en sus autos, caminaban unos metros y se regresaban felices de \u201chaber participado\u201d. La revoluci\u00f3n tambi\u00e9n tiene sus visitantes de fin de semana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mario, de Enfermer\u00eda, estaba \u201chasta la madre\u201d de los olores de pies. Exigi\u00f3 que parte del boteo se destinara a productos del Dr. Scholl.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El T\u00edo Gambo\u00edn \u2014Lupe, masajista autodidacta\u2014 se volvi\u00f3 famoso por sus agasajadas a pantorrillas y piernas. No discriminaba g\u00e9nero. Y santo remedio: los calambres bajaron. S\u00f3lo uno que otro incauto cay\u00f3 literalmente en sus manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de las exitosas \u201cexpropiaciones\u201d de veh\u00edculos de la UAC, los centinelas quisieron ampliar el \u201cbot\u00edn de guerra\u201d. Pero llegaron los chascos. El primero: confundieron a un ganadero y su pick up blanca con un funcionario universitario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El segundo: en una operaci\u00f3n nocturna bautizada como \u201cLa noche de las ara\u00f1as y las espinas\u201d, sometieron a humildes trabajadores de la CFE que hac\u00edan un levantamiento topogr\u00e1fico. Las camionetas no ten\u00edan logotipo. El pecado: ser blancas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la marcha ya hab\u00eda avanzado 150 kil\u00f3metros, lleg\u00f3 Cat\u00f3n. Desesperado por la lentitud de la burocracia federal. Lo malo: ven\u00eda con pantal\u00f3n de mezclilla nuevecito. Lo m\u00e1s seguro: le roz\u00f3 toda la parte de la espalda donde el cuerpo pierde su casto nombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esa zona, adelante de San Roberto, el agua se obten\u00eda de pozos de noria. Helada por las noches. Pero unos cuantos valientes se dieron un ba\u00f1o desodorante y vivificador. La marcha tambi\u00e9n se ba\u00f1a. Aunque sea con agua de piedra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Camilo Torres, el impresor de la marcha:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMientras otros caminaban, yo imprim\u00eda la dignidad. En 1984 ten\u00eda 28 a\u00f1os y diez de andar organizando movimientos sindicales. Llegu\u00e9 a la Universidad Aut\u00f3noma de Coahuila seis meses antes de la marcha. Entr\u00e9 a Arquitectura como trabajador meritorio, pero no tard\u00e9 en integrarme: primero apoyando a los estudiantes, luego en las colonias, despu\u00e9s en la campa\u00f1a de Jaime, y finalmente en la marcha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cDesde el principio me hice cargo de conseguir materiales para dibujar, ilustrar e imprimir. Me iba a Monterrey por papeles, escuadras, reglas, estil\u00f3grafos, navajas. Compraba al mayoreo con dinero de la escuela y los vend\u00eda m\u00e1s baratos que en las papeler\u00edas de Saltillo. Solo les carg\u00e1bamos un dos por ciento para cubrir el transporte. Era econom\u00eda solidaria, no negocio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cDurante la campa\u00f1a de Jaime me encargu\u00e9 de repartir el Estatuto y de imprimir los volantes. Por eso el primer d\u00eda de la marcha no sal\u00ed de la plaza como todos los dem\u00e1s. Me fui a conseguir papel, tinta, un mime\u00f3grafo y est\u00e9nciles. Mientras ellos caminaban, yo imprim\u00eda la dignidad.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los primeros cuatro d\u00edas nos los pasamos comiendo tortas, lonches y refrescos. Al principio fue rico: llegaban cajas de cart\u00f3n llenas de tortas, hasta calientitas. Eso nos consol\u00f3, porque la primera noche fue helada. El segundo d\u00eda igual: tortas y lonches, aunque los de la noche ya llegaban aguados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al filo de la segunda noche empez\u00f3 la depresi\u00f3n: por la comida y por los problemas para controlar el tr\u00e1fico. Tuvimos enfrentamientos con traileros y automovilistas que quer\u00edan rebasar la columna. A pedradas en la carrocer\u00eda y los parabrisas los tuvimos que parar. Tambi\u00e9n empezaron las divisiones internas: catonistas y jaimistas. Unos dec\u00edan una cosa, otros otra. Unos quer\u00edan ir primero, otros dec\u00edamos que no.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre grupo y grupo hab\u00eda desacuerdos. Incluso al interior de los contingentes. Los de Econom\u00eda, por ejemplo, hac\u00edan asambleas para todo: para decidir si com\u00edan lo que hab\u00eda o iban a Saltillo; para ver d\u00f3nde dormir; para decidir qui\u00e9n se quedaba cerca o lejos del Gari, que roncaba como tractor; para ver qui\u00e9n se integraba a qu\u00e9 comisi\u00f3n. Padec\u00edan asambleitis. Y no solo ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al tercer d\u00eda ya nadie quer\u00eda ni tortas ni lonches. Pero como no hab\u00eda otra cosa, ni modo. Algunos se conformaron con refrescos y golosinas. Todav\u00eda \u00edbamos con el entusiasmo de la novedad, caminando para saber qui\u00e9n era qui\u00e9n, enter\u00e1ndonos de lo que sal\u00eda en los peri\u00f3dicos y en la radio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al cuarto d\u00eda se ech\u00f3 a andar la cocina. Entonces llegaron las papas con huevo y frijolitos al almuerzo. A la comida, huevo con papas, con pan o tortillas. Y en la noche, papas a g\u00fcevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed fue nuestra marcha: Entre mime\u00f3grafos y papas. Entre est\u00e9nciles y frijoles. Entre volantes y ampollas. No todos caminamos con los pies. Algunos caminamos con las manos, imprimiendo la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Reflexiones nocturnas del cuarto d\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese d\u00eda entendimos que la carretera no era camino: era maestro. Que el cuerpo no era l\u00edmite: era territorio. Que el Estado no era sordo: era indiferente. Y que la utop\u00eda no era destino: era compa\u00f1era de marcha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la noche \u2014esa vieja conspiradora\u2014 nos revel\u00f3 lo que el d\u00eda ocultaba. Cuando el \u00faltimo fog\u00f3n se apag\u00f3 y la columna se desparram\u00f3 en la escuelita de San Roberto como ej\u00e9rcito derrotado, la oscuridad se acerc\u00f3 sin hacer ruido. No ven\u00eda a darnos consuelo. Ven\u00eda a cobrarnos la factura de la dignidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche no era descanso: era interrogatorio. Ah\u00ed, en ese silencio que parec\u00eda un animal agazapado, uno revisaba el d\u00eda como quien revisa un expediente clandestino: los errores que ma\u00f1ana no pod\u00edan repetirse, las decisiones que se tomaron tarde, las que se evitaron por miedo, las que dol\u00edan pero eran necesarias, las que s\u00f3lo la oscuridad ten\u00eda el valor de nombrar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche era radical porque no ment\u00eda. No ten\u00eda partido, ni rector, ni gobernador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obedec\u00eda a nadie. Nos quer\u00eda despiertos, aunque estuvi\u00e9ramos muertos de cansancio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A veces sal\u00eda a ver la carretera. De d\u00eda era verdugo; de noche, insurrecta. Una l\u00ednea negra que se perd\u00eda en la nada, como si nos dijera: \u201cma\u00f1ana sigo aqu\u00ed\u2026 si ustedes siguen aqu\u00ed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y uno entend\u00eda que la marcha no era protesta: era ruptura. No era reclamo: era desaf\u00edo. No era caminata: era insurrecci\u00f3n lenta, paciente, testaruda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche nos ense\u00f1aba que la dignidad no se negocia. Que la rabia, cuando se enfr\u00eda, se vuelve estrategia. Que el miedo, cuando se enfrenta, pierde rango. Que la esperanza, cuando se comparte, deja de ser consuelo y se vuelve arma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuarto d\u00eda termin\u00f3. La oscuridad nos abraz\u00f3 sin ternura, sin permiso, sin piedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y, aun as\u00ed \u2014o precisamente por eso\u2014 la dignidad sigui\u00f3 andando, cojeando, sangrando, pero indomable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque en esa marcha aprendimos que la noche no es el final del d\u00eda: es el principio de la rebeli\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"543\" src=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Image-2026-04-04-at-7.55.31-AM-1024x543.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1990\" srcset=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Image-2026-04-04-at-7.55.31-AM-1024x543.jpeg 1024w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Image-2026-04-04-at-7.55.31-AM-300x159.jpeg 300w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Image-2026-04-04-at-7.55.31-AM-768x407.jpeg 768w, 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\u2014 Cuarto d\u00eda de marcha, Mi\u00e9rcoles Santo. \u201cLa carretera era asfalto y algo m\u00e1s. Era escuela\u201d &#8230; La ciudad&#8230; viv\u00eda para s\u00ed misma. Fr\u00eda. Ego\u00edsta. Ajena a los 300 quijotes que, a unos kil\u00f3metros, se jugaban el pellejo. VITRALIA | Por Jaime Cleofas Mart\u00ednez Veloz Cuarto d\u00eda y vamos de [&hellip;]<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_1988\" class=\"pvc_stats all  \" data-element-id=\"1988\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon small\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1989,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[30,49],"tags":[],"class_list":["post-1988","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1988","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1988"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1988\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2006,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1988\/revisions\/2006"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1989"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1988"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1988"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1988"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}