{"id":2010,"date":"2026-04-09T05:00:44","date_gmt":"2026-04-09T11:00:44","guid":{"rendered":"https:\/\/vitralia.mx\/?p=2010"},"modified":"2026-04-06T17:57:55","modified_gmt":"2026-04-06T23:57:55","slug":"los-30-dias-que-despertaron-a-coahuila-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/2026\/04\/09\/los-30-dias-que-despertaron-a-coahuila-vi\/","title":{"rendered":"Los 30 d\u00edas que despertaron a Coahuila (VI)"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><em>Viernes Santo- 20 de abril- Sexto d\u00eda de la Marcha&#8230; Hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya no marchamos sobre el asfalto sino sobre la memoria, s\u00e9 que ese sexto d\u00eda no termin\u00f3. Sigue caminando dentro de m\u00ed. Dentro de nosotros.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>VITRALIA | Por Jaime Cleofas Mart\u00ednez Veloz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Dicen los viejos del sur de Nuevo Le\u00f3n que la carretera 57 no es una ruta: es una cicatriz. Una herida larga que divide cerros, ejidos y silencios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda, la cicatriz se volvi\u00f3 m\u00e9dula del nosotros. Ya no march\u00e1bamos por estrategia. March\u00e1bamos por afecto. Cada pisada era pacto. Cada ampolla, una medalla invisible. Cada plato servido, una declaraci\u00f3n sin firma.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, en alguna oficina con ventilador ruidoso, un agente de la DFS escrib\u00eda con solemnidad de notario del absurdo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA las 06:30 horas se tuvo conocimiento\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA las 07:30 horas reanudaron su marcha\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA las 11:20 horas arribaron al Ejido El Canelo\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA las 16:07 horas continuaron la marcha\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHan recorrido 172 kil\u00f3metros\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos contaban horas. Nosotros cont\u00e1bamos humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Loma \u2014 donde amanecimos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El informe dice que salimos del Ejido La Loma a las 7:30. No dice que La Loma es un caser\u00edo nacido del reparto agrario, encendido como una vela en medio del viento. No dice que el caf\u00e9 en ayunas sab\u00eda a pacto. No dice que la indiferencia del poder dol\u00eda m\u00e1s que los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>La rutina sab\u00eda de dolores: seis treinta, caf\u00e9 en ayunas. Siete en punto, el primer paso. De dos a cuatro, tregua tibia. Despu\u00e9s, sol y convicci\u00f3n hasta que la noche nos abrazara.<\/p>\n\n\n\n<p>La DFS no registr\u00f3 que la carretera dej\u00f3 de ser asfalto y se volvi\u00f3 m\u00e9dula. No ten\u00eda casilla para ternura compartida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Canelo \u2014 donde cayeron los Cachorros<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras las cocineras \u2014mujeres de fuego, temple y cuchar\u00f3n que manda m\u00e1s que cualquier general\u2014 preparaban arroz, papas, frijoles y sopa de letras, el campamento estaba en ese silencio tenso que solo aparece cuando todos esperan que la comida est\u00e9 lista.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces\u2026 se oy\u00f3 un rugido. No era el viento. No era un tr\u00e1iler com\u00fan. Era la llegada del hambre organizada, versi\u00f3n Provivienda.<\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00e1iler se detuvo con un rechinido que hizo voltear hasta a los zopilotes. Y desde lo alto, como si el cielo hubiera decidido aventarnos un meteorito, cay\u00f3 una bolsa militar verde. Gigante. Descomunal. Inconfundible. La bolsa no cay\u00f3: se desplom\u00f3, como si la gravedad hubiera dicho:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAh\u00ed les va su prueba del d\u00eda, cabrones.\u201d Las cocineras se persignaron. Las ollas temblaron. Los frijoles se reacomodaron en la olla como diciendo: \u201c\u00a1Ay, g\u00fcey\u2026 ya llegaron!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces estall\u00f3 una carcajada. Una carcajada grande, sonora, de esas que rebotan en los cerros y regresan m\u00e1s alegres. \u201c\u00a1Ya vali\u00f3 madre la comida! \u00a1Llegaron los que comen por seis!\u201d. Porque esa bolsa solo pod\u00eda ser de uno: El Cachorro. 120 kilos de barrio Provivienda, pura alegr\u00eda tragona y coraz\u00f3n de tamal bien amarrado.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cachorro baj\u00f3 del tr\u00e1iler como si descendiera un dios prehisp\u00e1nico del ma\u00edz&#8230; pero versi\u00f3n garnachera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ya llegamos, cabrones!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Pues si\u00e9ntense, que si no comen ustedes, comemos nosotros!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Guarden las cucharas, compa\u00f1eras! \u00a1Lleg\u00f3 la plaga b\u00edblica!<\/p>\n\n\n\n<p>Las risas rebotaron como tambores de guerra alegre. Porque cuando llegan los Cachorros, llega la fiesta. Y cuando llega la fiesta, la marcha respira mejor.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Provivienda: el barrio que no cabe en un informe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La Colonia Provivienda no es colonia: es un ecosistema. Un laboratorio donde la solidaridad se aprende antes que la tabla del 7. Ah\u00ed las calles no est\u00e1n pavimentadas, pero las lealtades s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed ven\u00eda Paquito Panda, estudiante de arquitectura: el que cargaba maquetas, sue\u00f1os y tortillas con la misma devoci\u00f3n. El que sab\u00eda que una ciudad se dise\u00f1a, s\u00ed, pero tambi\u00e9n se camina. El que entend\u00eda que la marcha era un plano vivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, cuando vio caer la mochila del Cachorro, solo murmur\u00f3: \u201cAh, ching\u00e1\u2026 ya lleg\u00f3 la delegaci\u00f3n gastron\u00f3mica.\u201d. El Loco G\u00e1mez y Do\u00f1a Felipa: la retaguardia que alimenta revoluciones<\/p>\n\n\n\n<p>Y como si el universo hubiera decidido que ese d\u00eda la marcha ser\u00eda buffet, lleg\u00f3 El Loco G\u00e1mez. Tra\u00eda comida como quien trae municiones: las gorditas que su madre, Do\u00f1a Felipa, preparaba en su estanquillo junto a la Escuela de Arquitectura, en Campo Redondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Felipa era una instituci\u00f3n. La mujer que pod\u00eda alimentar a medio Saltillo con una plancha, un mandil y una sonrisa que sab\u00eda a masa reci\u00e9n hecha. Cada vez que pod\u00eda, mandaba comida para los marchistas. No preguntaba si alcanzaba: ella sab\u00eda que la solidaridad siempre alcanza.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Chundo \u2014 el tesorero de los imposibles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el campamento se re\u00eda con los Cachorros y se organizaba para comer, Juan Jos\u00e9 Esparza Hern\u00e1ndez, nuestro querido Chundo, revisaba la caja de la marcha.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chundo no era tesorero: era equilibrista, mago, contador de milagros. Con una libreta doblada y un l\u00e1piz mordido, contaba el dinero del boteo como quien cuenta semillas antes de sembrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada moneda ten\u00eda destino: un kilo de arroz, una venda, una aspirina, un respiro. Si la marcha era un cuerpo, el Chundo era el pulso.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay territorios que no nacen: se levantan. Se levantan con machete y cart\u00f3n, con manos que no piden permiso, con mujeres que prenden fogones como quien enciende estrellas, con j\u00f3venes que trazan calles donde antes solo hab\u00eda polvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pancho Villa, Universidad Pueblo, Pueblo Insurgente: tres nombres, un mismo pulso. Son colonias que no caben en un plano, porque fueron dibujadas con hambre, con rabia buena, con la certeza de que la dignidad tambi\u00e9n necesita techo.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus calles sin pavimento se aprendi\u00f3 a resistir. En sus fogones se cocin\u00f3 la solidaridad. En sus asambleas se descubri\u00f3 que el pueblo, cuando se organiza, no pide: construye.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando esas colonias llegaron a la marcha, no llegaron como invitadas: llegaron como ra\u00edz. Porque hay pueblos que no solo apoyan una lucha: la sostienen. Ah\u00ed donde el pueblo se organiza, la historia encuentra hogar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Santa Ana \u2014 donde la noche se volvi\u00f3 hogar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la comunidad de Santa Ana, junto al Ejido La Laguna, nos esperaba la cena. Pero no era una cena cualquiera. Era una cena con genealog\u00eda, con ra\u00edces, con memoria de barrio.<\/p>\n\n\n\n<p>La preparaban habitantes de las colonias Pancho Villa, Universidad Pueblo y Pueblo Insurgente. Tres colonias hermanas, nacidas en distintos a\u00f1os, pero del mismo vientre: la necesidad, la dignidad y la organizaci\u00f3n popular.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pancho Villa \u2014 la colonia que naci\u00f3 con machete y convicci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A finales de los setenta, un grupo de familias tom\u00f3 un pedazo de tierra dura y lo convirti\u00f3 en barrio. Con machete, cuerda y noches sin dormir. Los estudiantes de Arquitectura llegaban a aprender lo que la universidad no ense\u00f1aba: c\u00f3mo se traza una calle con el cuerpo, c\u00f3mo se dise\u00f1a una casa con la necesidad, c\u00f3mo se construye comunidad con pura voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Universidad Pueblo \u2014 la maqueta viva<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En 1982, cuando la crisis expuls\u00f3 a quienes no pod\u00edan pagar renta, naci\u00f3 Universidad Pueblo. Se levant\u00f3 con cart\u00f3n, l\u00e1mina, madera reciclada y solidaridad organizada. Era un taller al aire libre: los j\u00f3venes aprend\u00edan a medir terrenos, las mujeres a cocinar para cien, los ni\u00f1os a jugar entre zanjas que pronto ser\u00edan calles.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pueblo Insurgente \u2014 la colonia que naci\u00f3 de la organizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pueblo Insurgente era hija de luchas urbanas y sindicales. Ah\u00ed la palabra \u201cinsurgente\u201d no era adorno: era m\u00e9todo. Ese d\u00eda se incorporaban a la marcha Francisco Navarro Montenegro y Magda, su compa\u00f1era. Llegaron como quien vuelve a casa despu\u00e9s de una larga ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cocina como territorio liberado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres de esas colonias \u2014expertas en levantar casas con l\u00e1mina y esperanza\u2014 prestaron fogones, ollas, manos. La cena sab\u00eda a tregua, a hogar improvisado, a abrazo servido en plato hondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os miraban como si la marcha fuera un animal m\u00edtico. Ah\u00ed nos dormimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah\u00ed la noche se llen\u00f3 de estrellas y deseo. Porque la moral tambi\u00e9n se construye m\u00e1s dif\u00edcil que una fogata. Conversaci\u00f3n imaginaria con mi madre, mi abuela y mi abuelo<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el campamento se apag\u00f3 y solo qued\u00f3 el rumor de los grillos, pens\u00e9 en mi madre. En c\u00f3mo, un d\u00eda antes, hab\u00eda llegado con Irene en un cami\u00f3n cargado de alimentos y medicinas. En c\u00f3mo se baj\u00f3 con ese andar suyo, mezcla de prisa y ternura, como si trajera en las manos no v\u00edveres, sino bendiciones envueltas en peri\u00f3dico.<\/p>\n\n\n\n<p>En la imaginaci\u00f3n \u2014o quiz\u00e1 en la memoria\u2014 la vi sentarse a mi lado, sobre una piedra tibia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY c\u00f3mo vas, hijo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aqu\u00ed vamos, madre. Caminando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY vale la pena?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Toda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY no te cansas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entonces por qu\u00e9 sigues.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque usted me ense\u00f1\u00f3 que hay caminos que se caminan, aunque duelan.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sonri\u00f3, pero no era solo ella. Detr\u00e1s de su sombra apareci\u00f3 otra sombra m\u00e1s antigua: la de mi abuela Esther Ba\u00f1uelos Mendoza, que muri\u00f3 cuando mi madre ten\u00eda once a\u00f1os. La vi joven, con el cabello recogido, con esa fuerza silenciosa de las mujeres que sostienen casas enteras sin que nadie lo note.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre la mir\u00f3 como quien mira un recuerdo que nunca se fue. Y mi abuela, sin hablar, puso una mano en el hombro de mi madre. Una mano que cruz\u00f3 d\u00e9cadas, ausencias y duelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, detr\u00e1s de ambas, apareci\u00f3 la figura de mi abuelo Ubaldo Veloz, el cardenista, el que march\u00f3 antes de que nosotros march\u00e1ramos, el que muri\u00f3 un a\u00f1o despu\u00e9s que mi abuela, dejando a mi madre hu\u00e9rfana a los doce a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>No ven\u00eda con discursos. No ven\u00eda con consignas. Ven\u00eda con esa mirada de los hombres que saben que la dignidad no se hereda: se ense\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Se par\u00f3 frente a m\u00ed, como si revisara mis pasos. Como si midiera la marcha no en kil\u00f3metros, sino en coherencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No est\u00e1s solo, dijo mi madre. Pero la voz parec\u00eda venir tambi\u00e9n de ellos. De los tres. De esa genealog\u00eda de ausencias que, sin embargo, nunca nos dejaron solos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuela Esther me toc\u00f3 la mejilla. Mi abuelo Ubaldo me puso una mano en la espalda. Y mi madre, entre ambos, me sostuvo como quien sostiene un \u00e1rbol joven para que no lo tumbe el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sigue, dijeron los tres, sin decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nosotros vamos contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando levant\u00e9 la vista, ya no estaban. O quiz\u00e1 nunca estuvieron. Pero el hombro, la espalda y la mejilla sent\u00edan como si sus manos siguieran ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><a>Hoy, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya no marchamos sobre el asfalto sino sobre la memoria, s\u00e9 que ese sexto d\u00eda no termin\u00f3. Sigue caminando dentro de m\u00ed. Dentro de nosotros. <\/a>Como una madre que no se va. Como una abuela que regresa en silencio. Como un abuelo que vigila desde el polvo. Como una colonia que se levanta. Como una cicatriz que no duele: gu\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"790\" src=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-1024x790.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2013\" srcset=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-1024x790.jpeg 1024w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-300x232.jpeg 300w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-768x593.jpeg 768w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-1536x1186.jpeg 1536w, https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/WhatsApp-Image-2026-04-06-at-5.33.24-AM-2048x1581.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure 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Sigue caminando dentro de m\u00ed. Dentro de nosotros. VITRALIA | Por Jaime Cleofas Mart\u00ednez Veloz Dicen los viejos del sur de Nuevo Le\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_2010\" class=\"pvc_stats all  \" data-element-id=\"2010\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon small\" aria-hidden=\"true\"><svg aria-hidden=\"true\" focusable=\"false\" data-prefix=\"far\" data-icon=\"chart-bar\" role=\"img\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" viewBox=\"0 0 512 512\" class=\"svg-inline--fa fa-chart-bar fa-w-16 fa-2x\"><path fill=\"currentColor\" d=\"M396.8 352h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V108.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v230.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm-192 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V140.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v198.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zm96 0h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8V204.8c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v134.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8zM496 400H48V80c0-8.84-7.16-16-16-16H16C7.16 64 0 71.16 0 80v336c0 17.67 14.33 32 32 32h464c8.84 0 16-7.16 16-16v-16c0-8.84-7.16-16-16-16zm-387.2-48h22.4c6.4 0 12.8-6.4 12.8-12.8v-70.4c0-6.4-6.4-12.8-12.8-12.8h-22.4c-6.4 0-12.8 6.4-12.8 12.8v70.4c0 6.4 6.4 12.8 12.8 12.8z\" class=\"\"><\/path><\/svg><\/i> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"16\" height=\"16\" alt=\"Loading\" src=\"https:\/\/vitralia.mx\/wp-content\/plugins\/page-views-count\/ajax-loader-2x.gif\" border=0 \/><\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2011,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[30,49],"tags":[],"class_list":["post-2010","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2010","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2010"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2010\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2018,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2010\/revisions\/2018"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2011"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2010"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2010"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vitralia.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2010"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}