El dilema del fracking en Coahuila

VITRALIA | Por Rodolfo Garza Gutiérrez

México enfrenta una encrucijada energética. La dependencia nacional del gas natural importado de Estados Unidos —cercana al setenta por ciento— vuelve vulnerable a nuestra economía, a nuestra industria y a nuestra red eléctrica frente a las decisiones políticas y comerciales de un solo país. Las amenazas recurrentes de aranceles, tensiones diplomáticas y conflictos internacionales obligan a preguntarnos si el país debe recuperar soberanía energética mediante la explotación de gas por fractura hidráulica —fracking— o mantener la suspensión que ha prevalecido en los últimos años.

La discusión es especialmente delicada en Coahuila. Aquí no se trata solamente de producir energía: se trata de proteger el recurso más estratégico del norte del país, el agua.

Cuando se habla de soberanía energética, casi siempre se piensa en la capacidad de producir combustibles propios y depender menos del exterior. Pero existe otra soberanía igualmente importante: la hídrica.

El gas natural puede importarse, almacenarse, sustituirse o comprarse a distintos proveedores. El agua no. Es un recurso local, esencial e insustituible para la vida, la producción agropecuaria y la estabilidad ecológica de toda la región.

La Comisión Nacional del Agua ha señalado que el acuífero de la Región Carbonífera dispone de márgenes muy limitados para nuevas extracciones. El problema es que el fracking puede requerir millones de litros de agua por pozo. Multiplicado por decenas o cientos de perforaciones, el conflicto entre la extracción energética y la disponibilidad hídrica deja de ser hipotético para convertirse en una amenaza real.

A ello se suma que esta región depende de los ríos Sabinas y San Rodrigo, además de numerosos escurrimientos menores que sostienen la ganadería, la fauna silvestre y los ranchos cinegéticos que generan empleo, conservación ambiental y turismo internacional. Toda esa economía regional depende de agua limpia, ecosistemas sanos y suelos no contaminados.

Los riesgos asociados al fracking han sido documentados en diversos países. Existen reportes de contaminación de acuíferos, afectaciones a la salud humana y animal, emisiones de metano y fenómenos de sismicidad inducida. Por estas razones, varios países y estados han optado por prohibir o restringir esta técnica.

Además, un nuevo factor está modificando el debate energético mundial. Durante años se argumentó que las energías renovables no podían sustituir a los hidrocarburos debido a la intermitencia del sol y del viento. Sin embargo, los avances recientes en almacenamiento de energía mediante baterías de gran escala, hidrógeno verde y sistemas térmicos están transformando rápidamente esa realidad.

Esto debilita cada vez más el argumento de que el fracking constituye la única alternativa viable para garantizar la estabilidad energética. El verdadero debate ya no debería centrarse únicamente en producir más gas, sino en definir qué recursos estratégicos estamos dispuestos a sacrificar para lograrlo.

La trampa consiste en presentar la discusión como una elección binaria: o aceptamos el fracking o seguimos dependiendo de Estados Unidos. Es un falso dilema. México puede diversificar proveedores, fortalecer las energías renovables, invertir en almacenamiento energético y mejorar la eficiencia de su red eléctrica sin comprometer de manera irreversible sus acuíferos.

Coahuila conoce bien los costos humanos y ambientales de los modelos extractivos mal regulados. Por ello, cualquier decisión relacionada con nuevas formas de extracción debe tomarse con extrema prudencia, transparencia y participación pública.

Desde la Región Carbonífera vale la pena preguntarse si resolver una vulnerabilidad energética justifica crear otra aún más grave y permanente: la pérdida de la seguridad hídrica.

Defender el agua no es oponerse al desarrollo. Es reconocer que sin agua no es posible el desarrollo.

Para quienes deseen profundizar en este tema, con gusto puedo compartir información técnica y bibliografía adicional sobre el fracking y sus implicaciones.

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Rodolfo Garza Gutiérrez, especialista en temas ambientales, fue director general de Ecología del Gobierno del Estado de Coahuila y, entre muchos otros logros académicos, tiene un doctorado por la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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