¿Cuál es la motivación real por la que la UAdeC omite compensar la acreditada trayectoria académica del ex rector e investigador del CISE Alejandro Dávila?

Hace poco más de un año, el 1 de febrero de 2025, el doctor Alejandro Dávila Flores anunciaba su retiro de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), donde ha servido por más de medio siglo.

Desde entonces, las felicitaciones no han cesado, más aún, cuando el Centro de Investigaciones Socioeconómicas (CISE) de la propia Universidad había propuesto y justificado que se le otorgara el honroso nombramiento de profesor emérito.

De acuerdo con la normatividad interna, la entrega corresponde al rector Octavio Pimentel Martínez, en acto protocolario que, además de indicar un homenaje, prevé la entrega de un emolumento, en función de las posibilidades presupuestales de la institución.

Hasta ahora, nada de esto ha tenido lugar, aun cuando el extraño retraso ha despertado la suspicacia de los medios informativos.

La cuestión es simple, pero inquietante, por una duda razonable: ¿Se trata de una simple lentitud burocrática o es una omisión deliberada del rector?

La aplicación del refrán “piensa mal y acertarás” nos llevaría a concluir que estamos ante una postura basada, no en criterios académicos e institucionales, sino en motivaciones políticas y hasta personales por parte de Pimentel Martínez.

Así lo han llegado a sugerir sus propios colaboradores en el edificio de Carranza y González Lobo, quienes empiezan a pecar de indiscretos sobre este tema.

El personal ve venir un, hasta hace poco, impensable acto de “canibalismo” al seno de la máxima casa de estudios en la entidad.

Al doctor Dávila Flores, rector de la UAdeC en el periodo 1994-1997, le amparan diversas disposiciones contenidas en los artículos 8, fracción VI, inciso 3, y 29, fracción IX, del Estatuto Universitario que, a la letra, rezan:

Son docentes especiales: (…) Eméritos y eméritas, quienes una vez completado el tiempo para optar por su jubilación o pensión, y en atención a sus méritos académicos, deseen continuar con actividades en beneficio de la Universidad, mediante esquemas de responsabilidades limitadas, quienes deberán recibir un nombramiento por el pleno del Consejo Universitario.

Asimismo, son atribuciones del Consejo Universitario, funcionando en pleno: (…) Conferir los grados de Investigadora o Investigador de Mérito, Creador o Creadora de Mérito, Docente Emérito o Emérita, Maestra o Maestro Ad Vitam y Doctorados Honoris Causa a las personas que cuenten con los méritos suficientes para dichas distinciones, para lo cual el Consejo se auxiliará de un comité de mérito académico.

No solo eso, al también activista saltillense le asiste igualmente el Reglamento de Ingreso, Promoción y Permanencia del Personal Académico (RIPPPA), sobre todo en sus artículos 66 al 71, relativos a los perfiles, trámites y requisitos para el otorgamiento de la distinción de profesora emérita o profesor emérito.

Particularmente, el artículo 66 establece que el nombramiento de Profesor o Profesora Eméritos, se alcanza por los miembros del personal académico una vez que completado el tiempo para optar por su jubilación o pensión y en atención a sus méritos académicos, deseen continuar con actividades en beneficio de la Universidad, mediante esquemas de responsabilidades limitadas.

El 67, añade: El nombramiento señalado en el artículo anterior, se realizará previa solicitud del órgano máximo de autoridad en las Unidades Académicas quienes someterán la petición a la Oficialía Mayor, para su estudio, análisis y posible aprobación.

Más adelante, el artículo 69, refiere: La distinción de… Profesor o Profesora Emérito la hará la persona titular de la Rectoría en una ceremonia anual, previo análisis de los expedientes de candidatos y candidatas quienes pueden ser propuestos por los Consejos Directivos de las escuelas, facultades, institutos u órganos de máxima autoridad de los centros de investigación; previa opinión favorable, razonada y aprobada por la Oficialía Mayor…

Pues bien, basándonos en la documentación oficial en nuestro poder, podemos asegurar que en todo lo que corresponde al caso de Alejandro Dávila han sido cumplidas, de manera sobrada, todas las disposiciones que el investigador está llamado a cumplir para el efecto de obtener dicho nombramiento, lo que nos parece de elemental justicia.

Solo resta que la administración de Octavio Pimentel Martínez actúe en consecuencia, es decir, en reciprocidad a una labor que, sin duda, ha contribuido sobremanera a la consolidación y lustre de la Universidad Autónoma de Coahuila, a pesar de su partidización.

Al menos eso es lo que espera la comunidad universitaria, incluido un distinguido grupo de académicos que avalan sin tapujos la trayectoria del investigador, más allá de politiquerías o de un simple… ¿revanchismo?

Acerca de esta actitud aldeana, haremos algo de historia más adelante, so pena de que esta vez sí pueda arder Troya, como lo prevén mis fidedignos informantes del edificio rectoral.

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Por admin