Evidentemente, existe una consigna a valores entendidos que consiste en demeritar la labor de los comunicadores, por más profesionales y objetivos que estos sean.

En el ocaso de 2018 surgieron en México dos grupos principales de periodistas: los “cuatroteístas” y los “chayoteros”.

Como se sabe, los primeros son afines al actual régimen, mientras que los otros simplemente hacen las veces de “serviles voceros” del llamado conservadurismo.

De ese tamaño es la historia de terror que nos cuenta el Estado, misma que hoy traemos a colación, sin saber cuándo llegará a su fin.

Por ahora no es el caso determinar cuántas y cuáles empresas periodísticas son incorruptibles, o bien, adictas al soborno y al negocio del chantaje y la extorsión.

Es más apremiante considerar los graves perjuicios que genera a todo mundo el linchamiento de que es objeto, un día sí y el otro también, el gremio periodístico.

Las agresiones no se limitan a simples críticas o denuncias aisladas u ocasionales; son ataques sistemáticos dictados desde el mismísimo Palacio Nacional.

La siniestra táctica que entraña la conocida sentencia presidencial de “si no estás conmigo estás contra mí” suele repetirse en los gobiernos locales encabezados por la clase política que enarbola una supuesta “cuarta transformación” (4T).

Evidentemente, existe una consigna a valores entendidos que consiste en demeritar la labor de los comunicadores, por más profesionales y objetivos que estos sean.

Pero también es justo destacar que, movidos por turbios intereses políticos, existen informadores dedicados casi exclusivamente a denigrar al régimen en turno.

Esto es condenable, como lo es el hecho de que, con inusitada ligereza, el sector público lance toda clase de descalificaciones hacia los medios, casi siempre sin hacer ninguna clase de diferenciación.

A propósito, se escucha entre prestigiados periodistas la misma frase que pronunció repetidamente Andrés Manuel López Obrador: “No somos iguales”.

Pero es una aclaración que no trasciende, ya que de inmediato es apagada por represivos emisarios del Estado.

PORTADA NEW – 1

No estamos descubriendo el hilo negro: la práctica de aplastar a la prensa, sobre todo a la combativa, se pierde en los anales de la historia nacional.

Manuel Buendía, Carlos Loret de Mola Mediz, Manuel Cepeda Peraza y Héctor “El Gato” Félix Miranda, son casos emblemáticos de lo que estamos comentando.

Ya lo dijo la editora mexicana Martha Ramos, presidenta de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP):

“La persecución no solo alcanza a quienes informan, sino también a sus familiares y allegados, en una estrategia para generar miedo y fomentar la autocensura”.

Le guste o no al poder político y económico, la libertad de prensa es un derecho colectivo indispensable para la consolidación de la democracia y el impulso sostenido del desarrollo.

Luego también, la ciudadanía no puede permanecer ajena a la compleja realidad que vivimos; hoy más que nunca, se requiere tomar decisiones informadas, así tenga que tomar como referencia información contradictoria y hasta perniciosa.

Por eso y por mucho más, llegó la hora de levantar la voz contra la indiscriminada estigmatización de los medios informativos, venga de donde viniere, por el bien de México y de Coahuila.

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Por admin