“Mucho, mucho ruido, tanto, tanto ruido, tanto ruido y, al final, por fin el fin”: J. Sabina
VITRALIA | Por: Gerardo Segura
La pomposa Policía Ambiental de Saltillo, fue creada el 15 de marzo de 2018, siendo alcalde el joven Manolo Jiménez Salinas, de apenas 34 años. La Policía Ambiental se haría cargo de proteger el medio ambiente y el bienestar animal mediante acciones concretas como: Prevenir y sancionar delitos ambientales, atender a reportes medioambientales ciudadanos, proteger y rescatar animales domésticos, o silvestres fuera de su hábitat; educar y concientizar a la población en temas medioambientales, vigilar y actuar contra acciones que dañan el entorno, como tirar basura o escombro en lotes o arroyos, contaminar aire, agua o suelo, o ante la generación de exceso de ruido.
Formada por 35 personas atentas 24/7, durante los dos siguientes años la Policía Ambiental pareció dar frutos, según lo consigna el periódico Vanguardia en una nota firmada por Redacción, del 15 de marzo de 2020: “Policía Ambiental de Saltillo, proyecto de éxito que se replica en otras ciudades.” A decir del coordinador de la Policía Ambiental (PA), Emmanuel Olache Valdés, en dos años dieron más de 21 mil atenciones. De ellas 9 mil por ruido. “Y si creen sale barato generar contaminación auditiva, del aire, del agua, del suelo o provocar maltrato a los animales —agrega la nota de Redacción—, la multa más alta que ha impuesto un juez fue de 16 mil pesos a una persona por reincidencia de música a niveles más altos de los permitidos en su domicilio.”
En otra nota, ésta de diciembre de 2019 en El Heraldo de Saltillo, se consigna que la PA recibe 350 denuncias diarias por ruido, y en fin de semana 80 por noche, pero no todas se cubren por falta de personal “…se requieren alrededor de 10 policías más para cubrir la demanda que se ha creado”, dijo Olache Valdés.
Y si la perra era brava, con la llegada de Chema Fraustro, se volvió furiosa. Desde 2022 el ruido en Saltillo se disparó como un problema grave. En 2021 las quejas por ruido pasaron de 80 de los fines de semana, a 40 diarias. En 2023 ya eran 500 por fines de semana. En 2024 llegamos a 3,077 reportes por ruido, según nota de Arturo Estrada para el Zócalo. Ese año el Ayuntamiento de Saltillo, desde el escritorio enfrentó el problema bajando de 60 a 50 los decibeles permitidos durante la noche en domicilios particulares. (El habla humana normal genera entre 55 y 65 decibeles). Además, blandió amenazantes infracciones para los ruidosos: de $1,085 mínima, a $2,017 para reincidentes.

Con la llegada de Javier Díaz González al Ayuntamiento de Saltillo el problema del ruido alcanzó calidad de carcoma social, como la Diabetes, la obesidad o el alcoholismo. Ocho de cada 10 quejas vecinales se refieren al ruido generado por fiestas en casa, música con bocinas en exterior, reuniones nocturnas. Recientemente vecinos del Centro Histórico de Saltillo se apersonaron en la Presidencia Municipal quejándose del ruido nocturno y exigiendo su derecho a dormir.
Como se ve, hoy en Saltillo el derecho al descanso termina donde inicia el derecho a escandalizar. Hay ruido en las casas, en los coches, en las banquetas de las tiendas. Al parecer los saltillenses hemos perdido el sentido del silencio, nos hemos hecho tolerantes al ruido, y poco nos falta para exigirlo dentro de la canasta básica.
El ruido es causa de problemas cardiovasculares, de estrés, pérdida o perturbación del sueño, bajo rendimiento laboral, y, ojo: “del incremento de ingresos hospitalarios por ansiedad y depresión e, incluso, el riesgo de suicidio”, según estudio en Madrid entre 2010 y 2013 realizado por expertos de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III (ENS-ISCIII), y publicado en Science of Global Environment.
¿Dónde quedó la tarea de educar y concientizar sobre problemas medioambientales, entre ellos el ruido? Si se realiza, seguramente se realiza en muy baja escala, o con nula eficiencia porque van al alza las quejas vecinales por ruido. Si el tema es la carencia de presupuesto, la propia Policía Ambiental tiene la respuesta en su mano: sancionando con los $1,085 a cada uno de los ruidosos saltillenses. De hacerlo con eficiencia, sólo las 3,000 quejas reportadas por Zócalo en 2024, darían a la caja cinco la friolera de $3,255,000.
![]()
