Los niños y adolescentes no gritan ayuda con palabras… la gritan con determinadas conductas.

VITRALIA | Por Lizbeth Morales Torres

Como ya es del dominio público, recientemente Michoacán volvió a aparecer en las noticias nacionales por un hecho que nos duele como sociedad: un adolescente de apenas 15 años disparó a quemarropa contra dos maestras.

Como psicóloga y maestra, esta noticia me genera muchas preguntas, más que respuestas.

No se trata de justificar la violencia. La violencia nunca es justificable. Pero tampoco podemos quedarnos únicamente en el enojo colectivo o en el deseo de linchar a un menor.

Cuando un joven de 15 años dispara más de diez veces, las preguntas que debemos hacernos como sociedad, son:

¿Qué pasó antes de ese momento?

¿Qué estaba viviendo ese adolescente?

¿Qué jerarquía de valores estamos construyendo en nuestros hogares y escuelas?

¿Estamos realmente presentes como padres… o solo estamos físicamente, pero emocionalmente ausentes?

Hoy, muchas familias viven jornadas laborales interminables porque la economía no alcanza, porque la supervivencia diaria exige trabajar más horas.

Pero entonces surge otra pregunta incómoda: ¿Nuestros hijos están creciendo con presencia de calidad o solo con presencia de cantidad?

Los niños y adolescentes no gritan ayuda con palabras… la gritan con determinadas conductas.

– Algunas veces con silencio.

– Otras, con rebeldía.

– Y, en los casos más extremos, con violencia.

Este hecho en Michoacán no solo habla de un joven que disparó. Habla también de un sistema que muchas veces abandona emocionalmente a sus estudiantes, de escuelas que trabajan con recursos limitados, de docentes que enfrentan realidades sociales cada vez más complejas.

Hoy quiero hacer una reflexión incómoda: Podrías ser tú ese adolescente. Podrías ser tú una de esas maestras. O podrías ser tú parte del sistema que mira hacia otro lado.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿Qué vamos a hacer como sociedad?

Porque en México hablamos mucho de educación… Pero ¿qué está pasando con la educación en valores? ¿Quién está enseñando a nuestros niños a gestionar la frustración, el enojo, el dolor?

Los maestros hacen lo que pueden. Los padres hacen lo que pueden. Pero el sistema muchas veces no protege ni a unos ni a otros.

Y aquí surgen otras preguntas que quizá incomoden más: ¿Quién defiende hoy a la educación pública en México? ¿Quién protege a los docentes? ¿Quién protege a los estudiantes antes de que algo así ocurra?

Esto no se trata de buscar culpables. Se trata de mirarnos como sociedad, ya que cuando ocurren tragedias así, no falla solo una persona: fallamos todos en algún punto del camino. La violencia nunca será la respuesta.

Pero ignorar lo que está pasando con nuestra infancia y adolescencia tampoco lo es. Hoy más que nunca necesitamos hablar de salud mental, acompañamiento familiar, educación emocional y valores.

Porque si no lo hacemos… estas noticias seguirán apareciendo. Y entonces pregunto a quienes lean esto: ¿Qué está pasando con nuestros adolescentes en México? ¿La familia sigue siendo el primer espacio de formación o ya lo estamos delegando todo a la escuela? ¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad?

Los leo. Porque este tema nos involucra a todos.

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